-¡Viste como le di la alegría a Almendrita!
Con esas palabras Vania Paz, mi hija de 5 años salía del Teatro en la ya conocida Sala de la Triple A en el centro de Lima.
Habíamos visto "Almendrita", texto que desconocía de la dramaturga Sara Joffré.
Lo interesante del texto es que coloca (como todas las obras de Sara) a sus personajes a merced de su público, es decir, son los espectadores los que juzgarán los personajes según sus acciones y no según su condición física o social dentro de la obra.
¡Me gustó la bruja fea! - Fue otro comentario de mi hija, quien daba detalles de lo "lindo del vestuario de trapos de la bruja " y mejor aún " lindas alas del pajarillo" (personaje asumido por la misma actriz que asume el rol de la bruja fea)
Y es cierto, ¡qué gusto da ver obras donde no existen los clichés ni estereotipos de los personajes "bonitos" "malos" o "buenos"! identificarte con uno de ellos, tomar partido por otro o simplemente divertirte con cualquiera de ellos es misión del espectador, del niño en este caso , único testigo de lo que sucede y quien dentro de su juicio moral como niño que es asume que los actos de cada uno de los protagonistas de la historia sean los que determinen lo "bueno " y lo "malo" y entonces desde la misma visión de niño decidan qué es lo que realmente deben hacer.
Molinos de Viento es el grupo joven, novato, que decide asumir el reto de poner a escena esta obra en una sala que hoy en día viene siendo "RE-valorada" , recuperando así el éxito de antaño.
Con algunas fallas técnicas (iluminación inapropiada en muchos momentos oscuros en la boca de escena, sonoplastía en un volumen muy alto para la sala) propias de un grupo que inicia en el medio teatral, es loable la labor llevada a cabo por el grupo, quienes con sólo un costal y elementos de vestuario logran que el mundo mágico y la casa de Almendrita sea vista y reconocida en cada rincón por el público infantil. Inteligente solución de los elementos de cocina mostrados por "Juana" la mamá de Almendrita, quien en su mandil carga todo lo que un niño puede imaginar y ya espera qué novedad de ese bolsillo saldrá. Cintas celestes que representan las alas del pajarillo herido , un saco largo nos muestra al topo, un vestidito nos deja conocer a Almendrita y sacos con larga cola nos hacen ver a dos ratones quienes lograrán su cometido siempre que "estudien" y aprendan ...entre otras cosas.
Es un buen comienzo de "Molinos de Viento" arriesgando sin fallar en la elección de una obra de Sara Joffre que sin duda alguna es una dramaturga de quien podemos afirmar que el público infantil está a salvo de la destrucción de su mundo imaginario y muy por el contrario ofrece que el encuentro con del niño con el Teatro sea enriquecedor en todos los aspectos, porque un niño que piensa, es y será un niño libre.
Guadalupe Vivanco

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