Todo actor se
encuentra comprometido con su sociedad y al analizarla se encuentra con una
problemática cada vez más grande: La violencia de género. Vemos a diario casos
de mujeres golpeadas, quemadas y violadas como si estuviéramos compitiendo por
lograr una estadística mayor anualmente. Nuestra sociedad de patriarcado, con
sus estrategias machistas, convierte a la mujer en un objeto de exhibición,
produciendo así un desbalance de poder.
Los tipos de
violencia se ven reflejados en diversos textos dramáticos alrededor del mundo,
uno de ellos es el monologo “La violación” de Darío Fo, en la cual nos narra un
suceso acontecido contra su esposa, Franca Rame.
“No me muevo, no grito, no tengo voz” nos dice el
personaje al iniciar el monologo, cargándonos así de distintas sensaciones,
pero ¿Cómo lograr abordar la violencia de género encontrando una verosimilitud
al ejecutarlo en escena? y ¿Se puede intensificar este hecho mediante una
técnica teatral?
Mediante la búsqueda
de diversas teorías teatrales, me encuentro frente a la de Antonin Artaud, el
cual postula los manifiestos del “Teatro de la crueldad” buscando así una
transgresión en el espectador al estar presente en una puesta en escena.
Artaud (1947) “La imagen de un crimen presentada en las
condiciones teatrales adecuadas es infinitamente más terrible para el espíritu
que la ejecución real de ese mismo crimen”.
Es entonces que nos plantea
encontrar un “lenguaje único teatral”, el cual se encuentra en medio camino
entre el gesto y el pensamiento. Esto implica que la puesta no debe apoyar su
eficacia en el texto, sino buscar una expresión dinámica en el espacio donde el
teatro expande sus posibilidades y va más allá, llegando a la transgresión.
Es entonces que nace la
interrogante ¿ El teatro, específicamente los postulados de Antonin Artaud
ayudarán a la escenificación de un hecho de violencia de género?
Mehida Monzón Aguilar
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