Hace muy poco tiempo o para ser más exactos el fin de semana
me aventuré en un día de documentales, y para mi sorpresa logré encontrarme con
dos artistas íconos Jean Michel Basquiat (músico y pintor) y Marina Ibramovich
(performer) , quienes en las décadas de los 80 y 90 fueron paradigmas de una
cultura de riesgo, de impulsos direccionados a la búsqueda de su interior y de
una verdad que a mi parecer explora y se adentra al sentido del silencio;
elementos que para cualquier aspirante a un trabajo artístico pienso que
deberían ser tomados en cuenta.
¿Por qué Jean Michel o
Marina Ibramovich llamaron mi atención?
Creo que en las pinturas de Jean Michel o en las performance
de Marina Ibramovich tienen una dosis fuerte y cargada de silencios, de los
cuales nos sumerge y adentra en un entendimiento hacia un universo complejo y
lleno de metáforas.
Jean Michel con un lenguaje muy parecido al de las pinturas
rupestres mezclado con íconos modernos, palabras tachadas, animales
representantes de una cultura africana, etc; parecieran que no tienen nada que ver y que además este
“vacío” u obstáculo para su lectura más bien tiene un objetivo directo; que a
mi parecer es lograr que aquel cuadro anule toda claridad y genere un limbo
entre el espectador y la pintura, un vacío donde la metáfora te adentra a un
silencio, a una búsqueda de del propio ser, donde éste se hunde a grietas nunca
antes vistas, con un equilibrio de colores extraordinario y que logran el
efecto de hipnotizarte y de atraparte en el abismo de la confusión.
¿Y Marina?...
Ella aún más directa que “Samo” (así firmaba Jean Michel en
sus graffitis de Manhattan) en el 2010 hizo una performance en la galería MoMa
en New York, donde el personaje principal es las búsqueda del ser desde la mirada,
desde la confrontación de dos seres donde el canal de comunicación es el silencio.
Aquél que realmente los involucraba a experimentar sus verdades y además visionaba
en el gesto una aproximación de la génesis de la palabra.
Un abismo entre el silencio para dar lugar a la palabra, una
palabra que luego de ser dicha volverá a dar lugar a ese otro silencio
confrontador y delatador.
Barthes Roland, filósofo francés, nos dice que la palabra es
acción y que el silencio es en su esencia la génesis de esta, eso quiere decir
que quién origina la palabra o mejor dicho la acción es el silencio.
Por eso Jean Michel Basquiat y Marina Ibramovich, nos
confrontan con un dialogo que ausculta nuestros deseos, nuestras inquietudes,
nuestros demonios y demás motivaciones que tiene el ser humano y que son
juzgadas dentro de lo que nosotros deseamos expresar o dejar a flote o de lo
que nos obligan a expresar.
¡Silencio! …y el
Teatro
… como expresión propia del actor, aquel que se maneja desde
la acción como su
herramienta principal nos direcciona también al manejo de ese silencio.
Un silencio que también nos confronta y que nos marca un
objetivo, unos vacíos con sentido,
y que son posibles de converger en la metáfora con el manejo de su
temporalidad, tan igual como Ibramovich hizo uso de aquel y que en su extensión
logró “desnudar” y visualizar historias a quién se sentara frente a ella, o sino en lo recargado de símbolos en los
cuadros de Jean Michel, un ruido de colores lleno de silencios desde que te
adentra a un abismo del entendimiento, pero que sin lugar a dudas los tres
manejan una acción clara hacia un espectador, una acción movilizadora al otro,
una acción que incita a la palabra y que nos aprisiona a guardar silencio por
sus grandeza reveladora.
Eduardo
Ramos López
existe una delgada linea que puede confundir al espectador entre lo que es un silencio y un vacío, por lo tanto es muy importante saber interpretar un silencio, el espacio del tiempo y las acciones físicas que se realizan, a mi parecer deben ser muy precisas. sin duda es cuestion de un entrenamiento riguroso y constante.
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