Eran las 9:00 p.m del jueves 3 de octubre y salía de la Sala Ensad luego de asistir "El canto del cisne" de Chejov y "Camila canta a la vida" de Ernesto Ráez.
Ambos textos son presentados como "estudios dramáticos", si bien en el teatro acostumbramos a leer "textos teatrales" muy pocas veces se nos presentan los "estudios dramáticos".
En realidad el significado de un estudio dramático no lo tengo muy en claro, pero creo que poco importa cuando de lo que se trata es de ver las obras y llevarnos a la reflexión o a la contemplación de dos situaciones de vida cercanas a nuestra realidad, más cercana aún para el artista.
Con la interpretación de dos actores de "talla" y "peso" El canto del cisne es una alegoria a la muerte , a la redención, a la vida.
Y es que vale preguntarnos ¿qué significa ser actor en esta época? ¿qué fue y que es la profesión del actor en épocas en que este arte es muy poco o nada valorado?
Si bien es cierto, la obra muestra a dos viejos (uno actor y el otro apuntador) solos en el camerin notamos la vigencia aún en el pasar del tiempo, por ello es que creo la elecciòn de Jorge Sarmiento en montarla en la ya renovada Sala Ensad es un homenaje no sólo a Chejov sino más bien un homenaje al arte de actuar, a todos y cada uno de aquellos que dedicados a este arte valoran y aprecian cada encuentro con el espectador, cada acto "convivial" donde se funden energias llenas de vida y de muerte.
Acertado es también que esta vez la interpretación recaiga en dos actores dignos de recibir homenajes : Rafael Hernandez y Arturo Villacorta, dos artistas con más de 50 años en el teatro, pero ojo no por los años queremos que este montaje sea su propio "canto del cisne" muy por el contrario es una alegoria a la vida...a sus vidas en el teatro; dicho sea de paso "Camila canta a la vida" de Ernesto Ráez nos muestra a una vieja actriz, en una situación semejante a Vasili de Chejov.
Interpretada por Pilar Nuñez este estudio nos deleita con grandes momentos del teatro peruano en contrapunto con la jovialidad del aspirante a actor, interpretado por Emilio Montero y la muchacha de la limpieza Laura Pereira. La fusión de jovialidad, madurez, ternura, inocencia, energia, experiencia hacen con que el espectador sea parte y cómplice de ese sueño "recordar es volver a vivir" .
Grata pues ha sido la experiencia de ver estas dos obras, en ambas y bajo la metafórica y muy acertada "agonia del rasuñiti" nos quedamos con esto: llegó el final...la muerte, pero una muerte que fue y va más allá de la vida, dejando de lado las manoseadas frases de "a la muerte hay que verla con los ojos", ¿por qué no? la muerte llega y algo nuevo renace...al final es sólo antes de morir que podemos escuchar el verdadero "canto del cisne...cantando a la vida"
Guadalupe Vivanco
Un cisne que aún no desea cantar...

